Si prestamos atención a las personas que nos rodean y a las circunstancias podremos aprender más sobre nosotros mismos.
Los problemas podemos verlos como una oportunidad o como un inconveniente. Podemos entenderlos como indicadores del camino a seguir o como un obstáculo.
Hay muchas clases de problemas y de diferentes intensidades. La mayoría de las veces tenemos señales que nos permiten detectar pequeños problemas antes de que se conviertan en graves, de nosotros depende la actitud y el enfoque. Siempre somo parte de ellos aunque creamos que no somos los causantes.
Si queremos aprender veremos las posibilidades, si actuamos como víctimas solo veremos frustración, tensión o ira.
A los niños/as y a las personas con las que entrenamos, tenemos la obligación de mostrarles los espejos para que vean su reflejo, para que se reconozcan y aprendan de los errores. El camino es el del aprendizaje continuo no el de la escuela que castiga las equivocaciones invocando el miedo.
De los múltiples errores y ensayos surgieron y surgen los mayores inventos, las mejores ideas, las soluciones más creativas. Cada error, cada actitud o conducta negativa tendrá sus consecuencias siempre en el paradigma de la evolución, de la mejora constante, de la ambición por ser lo mejor de mi mismo.
Los niños/as que se comparan y se ven mejores que los otros creyendo que están por encima, tienden a la autocomplacencia, al egocentrismo arrogante. Nosotros somos responsables, los adultos que los acompañamos, que estamos a su lado, debemos mostrar el bosque para que no choquen con el árbol.
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