Entrenar no es garantía de éxito pero no entrenar sí es garantía de fracaso.
El entenamiento es indispensable para cualquier modalidad deportiva pero un entrenamiento mal diseñado, mal programado o mal ejecutado es un derroche de energía. Edward de Bono nos muestra un elocuente ejemplo: dos personas tiran de una soga en sentidos opuestos, ambos tienen el rostro enrojecido por el esfuerzo, emplean gran cantidad de energía pero la soga no se mueve. Otro ejemplo es el del coche que arranca, avanza a poca velocidad y cuando aceleramos detectamos que a pesar del acelerón la velocidad apenas aumenta, lo que sucede es que está el freno de mano activado. En ambos casos se emplea energía pero la misma no sirve para crear éxito en ninguna de sus manifesstaciones. Por lo tanto el trabajo duro puede o no, producir efecto beneficiosoo avance.
En el mundo del deporte abundan los casos de personas que dedican su tiempo a “tirar de la soga” o “a llevar el coche con el freno de mano activado”. Padres voluntariosos, jóvenes que hicieron un cursillo, aficcionados con vocación de entrenadores, son algunos de los casos más frecuentes. Y una de las frases que pude escuchar últimamente: “es buen chaval, pero como entrenador no”.
Mi pregunta sería: ¿realmente es buen chaval, buena persona, aquel o aquella que entrena a niños/as sin conocimientos, que dirige sesiones sin tener ni idea de didáctica, que plantea partidos sin conocimientos de psicología o que diseña entrenamientos sin la base más elemental de fisiología?
Ustedes tienen la palabra, el chaval paga la cerveza a los padres y se fuma un pitillito después del partido mientras comenta: “los chavales se lo merecen todo, lucharon como unos campeones”
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